(Voz Rebelde Nº 2, Enero-Febrero 2009) - Es común leer en las distintas prensas de las organizaciones de la izquierda revolucionaria que estamos ante una crisis capitalista profunda. Que la misma puede sólo puede compararse con la de 1929. E incluso, que puede ser más profunda que aquella, y que muy posiblemente sea de un carácter prolongado, etc., etc., etc.
Los mismos intelectuales y analistas de la burguesía reconocen desconocer cómo (y cuando) se saldrá de la misma. Los 300 máximos economistas –entre ellos 11 premios Nobel- así lo admitieron tras una semana de deliberaciones, en Agosto pasado, a orillas (del lado alemán) del Lago Constanza.
Día a día vemos cómo nuevas noticias alimentan ese tremendo agujero negro en que se va convirtiendo la economía capitalista. Sin embargo es muy difícil, sino imposible, encontrar en nuestras prensas lecturas políticas de la misma que orienten el accionar tanto de la vanguardia como de los sectores más activos del movimiento de masas.
Es indudable que la crisis está en sus inicios; sin embargo se dibujan ya en el horizonte algunas de las tensiones que sobrevendrán.
Es muy difícil (prácticamente imposible) que el capitalismo pueda salir de esta crisis sin un brutal proceso de concentración y centralización de capitales y de ataque a las condiciones de vida de las masas laboriosas.
En ese horizonte está incluida la posibilidad (muy grande) de una nueva conflagración mundial.
Este ataque a las condiciones de vida de las masas en nuestro país significará volver a los niveles (o incluso superar) de desocupación del 2001, aumentar la exclusión social y el hambre y ensanchar la brecha entre los más ricos y los más pobres.
Los datos del último trimestre así lo señalan (caída del 20% en la venta de vehículos; caída de la construcción del 14% al 5% en su crecimiento, un parate en la fabricación de maquinaria agrícola, y caída el año próximo del 20% en la comercialización de vehículos a Brasil) .
Con lo cual queda claro que las consecuencias de la crisis caerán sobre el conjunto de la clase trabajadora, la pequeña y mediana burguesía y el campesinado pobre, afectando así también a los llamados "sectores medios".
Esa es la base material sobre la cual se desenvolverá una situación de características revolucionarias. Lo que no significa que vaya a triunfar la revolución ni que esté a la hora del día el asalto a la fortaleza. Ello depende de otros factores, pues como señalara Lenin –en Junio de 1913- en el texto “ La celebración del 1º de Mayo por el proletariado revolucionario” : “….Rusia vive una situación revolucionaria porque la opresión de la aplastante mayoría de la población, no sólo del proletariado, sino de las nueve décimas partes de los pequeños productores –en particular la de los campesinos- se ha agudizado al máximo, siendo de notar que la opresión agudizada, el hambre, la miseria, la ausencia de derechos y los ultrajes al pueblo se hallan en flagrante contradicción con el estado de las fuerzas productivas de Rusia, con el grado de conciencia y con el nivel de reivindicaciones de las masas despertadas por el año 1905, así como con el estado de cosas en los estados vecinos, no sólo europeos sino también asiáticos.
Más con ello no basta. La sola opresión –por grande que sea- no siempre origina una situación revolucionaria. Para que estalle la revolución no suele bastar con que los de abajo no quieran seguir viviendo como antes. Hace falta además que los de arriba no puedan seguir administrando y gobernando como hasta entonces. (Y agrega) Ni la opresión de los de abajo, ni la crisis de los de arriba bastan para producir la revolución, lo único que producirán es la putrefacción el país si el país carece de una clase revolucionaria capaz de transformar el estado pasivo de opresión en estado activo de cólera e insurrección”.
Y remata con la siguiente frase digna de las mayores de las atenciones: “….nuestras llamadas clases superiores, la cúspide social y política, no pueden dirigir a Rusia al viejo estilo, a pesar de que todos los fundamentos del régimen estatal y del gobierno de Rusia han sido determinados exclusivamente por ellas y ajustados a sus intereses”.
Para Lenin una situación revolucionaria es aquella situación política donde los de abajo no quieren seguir viviendo como antes y los de arriba no pueden seguir administrando y gobernando como hasta entonces; pero señala: “ni la opresión… ni la crisis…bastan para producir la revolución”. Sólo producirán la putrefacción del país si este país no cuenta con una clase capaz de transformar el estado pasivo de opresión en “cólera e insurrección”.
¿Y qué si no es éste el estado de nuestro país?, ¿acaso nuestro pueblo acepta, y aceptará dócilmente la agudización de la opresión?, ¿no hay acaso ya un estado de cólera permanente, aunque embrionario, que a los propios ideólogos burgueses los lleva a hablar de un país en estado de asamblea y rebeldía?
Si bien los primeros años del kirchnerismo registraron un descenso en la cantidad de cortes de rutas –para no hablar de movilizaciones- ello: 1ª) nunca significó la desaparición de los mismos, 2) se generalizó en la sociedad pasando a ser un método empleado por las más distintas clases sociales, y 3) ha comenzado ha revertirse aceleradamente del 2006 a esta parte.
A pesar de algunos avances en la reconstrucción de la gobernabilidad es de destacar el hecho que ante los problemas más acuciantes (se trate de inundaciones, crímenes, atropellos, para poner sólo algunos ejemplos) el pueblo recurre al piquete, que no es otra cosa que el ejercicio –de facto- de su poder a fin de hacer oír sus demandas. La experiencia de lucha que estalló en el 2001 no ha sido en vano, es un capital político que todos los oprimidos han hecho ya suyo y que no dudan en ponerlo en práctica cuando las condiciones lo requieren.
En este sentido en Argentina –como en Bolivia- asistimos al ejercicio de un poder (per se?) que busca y necesita constituirse como tal.
Por otro lado, la rebelión de 2001 no ha fracasado ni sido derrotada, sino todo lo contrario. Es la burguesía la que está aún pagando un impuesto al pueblo trabajador en aras de reconstruir su gobernabilidad. La política de DD. HH. (derogación del indulto y la obediencia debida, reconocimiento por parte del Estado de un único “demonio”, juzgamiento de algunos personajes insignes de la dictadura, etc., etc.), el discurso de la transversalidad política, como la llamada “redistribución” de la riqueza en lo económico y el alineamiento internacional junto a Venezuela, Cuba y Bolivia principalmente –aunque más simbólico que real- tiene sus implicancias. Todo este paquete que sostiene el sector más inteligente de la burguesía genera grietas importantes con los sectores más reaccionarios –pero sobre todo más primitivos- de la misma.
La crisis política a la que asistimos desde Marzo a Julio de 2008, y que amenaza reinstalarse en este nuevo año, sin duda que es una muestra pequeña de la crisis en las alturas (como diría Lenin). El mismo 2001 difícilmente hubiera existido –al menos no con la fuerza con que irrumpió- de no ser por la división entre los sectores que defendían la devaluación y los que sostenían la convertibilidad.
En el marco de una crisis tan profunda como la que se avecina, en la que para sobrevivir algunos burguese deben necesariamente eliminar a otros y donde en el plano político aún la burguesía no ha sido capaz de construir la alternancia bipartidaria (y las condiciones) que le permita resolver en el marco de su propia institucionalidad sus conflictos, la tendencia a empujar a sectores de las clases subalternas a la acción en contra de otras fracciones de su propia clase se acrecienta.
Esa puja a su interior es un hecho fundamental para hablar de la posibilidad de una situación revolucionaria.
La crisis profundizará la divergencia entre los de arriba y empujará a participar a mayores contingentes de los de abajo al tiempo que crea las condiciones para la radicalización de las luchas. Como decimos en Situación Política, el 2001 puede ser un ensayo, en pequeño, de la crisis que se avecina hoy.
Aquella situación hizo irrumpir las Asambleas Populares y la consigna “que se vayan todos”. Es tarea de cada uno de los destacamentos revolucionarios “concientizar” a las masas de que no sólo hay que echarlos sino de que la forma de gobierno nueva está justamente allí, en ese organismo que ellas mismas parieron. Y para ello sin ninguna duda además de la propaganda en general es tarea inmediata generalizar ese embrión de nuevo poder.
Lenin
DE “INFORME SOBRE LA REVOLUCIÓN DE 1905”
Fue leído por Lenin el 22 de enero de 1917, en la Casa del Pueblo de Zurich, en una reunión de la juventud obrera suiza, o sea, meses antes de la revolución de Octubre. Lenin comenzó a trabajar en este informe alrededor del 20 de diciembre de 1916 y hoy reproducimos este fragmento pues lo consideramos de gran importancia a la hora de debatir sobre los elementos que con-forman una situación revolucionaria.
“Jóvenes amigos y camaradas:
Hoy se cumple el duodécimo aniversario del Domingo sangriento, considerado con toda razón como el comienzo de la revolución rusa.
Millares de obreros, no socialdemócratas, sino súbditos fieles, temerosos de Dios, dirigidos por el cura Gapón, afluyeron al centro desde todos los rincones de la capital, a la plaza frente al Palacio de invierno, para entregar una petición al zar. Los obreros llevaban íconos. Su jefe de entonces, Gapón, en carta al zar, le había garantizado su seguridad personal y pedido que apareciera ante el pueblo.
Fueron llamadas las tropas. Ulanos y cosacos se lanzaron sobre la multitud con los sables desenvainados. Hicieron fuego contra los obreros desarmados, que de rodillas, suplicaban a los cosacos que les permitieran ver al zar. Según el informe de la policía, hubo ese día más de 1000 muertos y más de 2000 heridos.
Este, en líneas generales, es el cuadro del 22 de enero de 1905, el Domingo sangriento”.
Y continúa Lenin: “Para que comprendan ustedes mejor la significación histórica de este acontecimiento, leeré algunos pasajes de la petición de los obreros. Comienza con estas palabras:
Nosotros, obreros habitantes de Petersburgo, acudimos a Ti. Somos esclavos desgraciados, escarnecidos, aplastados por el despotismo y la tiranía. Colmada nuestra paciencia, dejamos el trabajo y rogamos a nuestros amos nos diesen sólo aquello sin lo cual la vida es una tortura. Más esto nos fue negado; para los patrones todo es ilegal. Muchos miles nos hemos reunido aquí. Igual que todo el pueblo ruso, carecemos en absoluto de derechos humanos. Por causa de los actos de Tus funcionarios nos hemos convertido en esclavos.
La petición contenía las siguientes reivindicaciones: amnistía, libertades cívicas, salario justo, entrega gradual de la tierra al pueblo, convocatoria a una asamblea constituyente sobre la base del sufragio universal e igual para todos. Terminaba con estas palabras:
¡Señor! ¡No niegues ayuda a Tu pueblo! Derriba el muro que se alza entre Tú y tu pueblo. Ordena que nuestros ruegos sean cumplidos, promételo y harás la felicidad de Rusia; si no lo haces, estamos dispuestos a morir aquí mismo. Sólo tenemos dos caminos: la libertad y la felicidad o la tumba.
Dos días antes del domingo sangriento, el señor Piotr Struve, entonces dirigente de los liberales rusos…..escribía: 'En Rusia no hay todavía un pueblo revolucionario'.¡Tan profundamente convencidos estaban los reformistas de entonces –como lo están los de ahora- de que una verdadera revolución era imposible!
Antes del 22 de Enero de 1905, el partido revolucionario de Rusia consistía en un pequeño grupo de personas y los reformistas de entonces (exactamente como los reformistas de hoy) en son de burla nos llamaban 'secta…
En pocos meses, sin embargo, el panorama cambió por completo. Los centenares de socialdemócratas revolucionarios se convirtieron 'de pronto' en millares, los millares se convirtieron en dirigentes de dos o tres millones de proletarios. La lucha proletaria produjo una agitación general, a menudo movimientos revolucionarios entre las masas campesinas….. de este modo, un inmenso país, con 130 millones de habitantes, se lanzó a la revolución; de este modo, la Rusia aletargada se convirtió en una Rusia con un proletariado revo-lucionario y un pueblo revolucionario….”.
Lenin
DE “LA BANCARROTA DE LA II INTERNACIONAL”
Reproducimos un fragmento del texto escrito por Lenin en 1815, donde señala (al menos para Rusia, aunque toma como ejemplo también situaciones vividas en Alemania) los rasgos fundamentales de una situación revolucionaria.
Lenin dice: “…. A un marxista no le cabe duda de que la revolución es imposible sin una situación revolucionaria; además, no toda situación revolucionaria desemboca en una revolución. ¿Cuáles son, en términos generales, los síntomas distintivos de una situación revolucionaria?. Seguramente no incurriremos en error si señalamos estos tres síntomas principales:
1-la imposibilidad para las clases dominantes de mantener inmutable su dominación. Una crisis de la política de la clase dominante que abre una grieta por la que irrumpen el descontento y la indignación der las clases oprimidas.
Para que estalle la revolución no suele bastar con que los de 'abajo' no quieran seguir viviendo como antes; sino que hace falta, además, que los de 'arriba' no puedan seguir viviendo como hasta entonces.
2-Una agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimidas.
3-Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de 'paz' se dejan expoliar tranquilamente, pero en épocas turbulentas son empujadas, tanto por la situación de crisis, como por los mismos 'de arriba', a una acción independiente.
Sin estos cambios objetivos, independientes de la voluntad de distintos grupos y partidos, de la voluntd de diferentes clases, la revolución es, por regla general imposible. El conjunto de estos cambios objetivos es precisamente lo que se denomina situación revolucionaria. Esta situación se dio en 1905 en Rusia y en todas las épocas revolucionarias en Occidente; pero también existió en la década del 60 del siglo pasado (del 1800) en Alemania, en 1859/61 y en 1879/80 en Rusia, a pesar de lo cual no hubo revolución en esos casos. ¿Por qué?.
Porque no toda situación revolucionaria origina una revolución sino tan sólo la situación en que a los cambios objetivos arriba enumerados se agrega un cambio subjetivo, a saber: la capacidad de la clase revolucionaria de llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficientemente fuertes para romper (o quebrantar) el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en épocas de crisis, 'caerá' si no se le hace 'caer'….”
Por lo que para Lenin, entre otras conclusiones, “….de lo que se trata aquí es del deber más indiscutible y más esencial para todos los socialistas: el de revelar a las masas la existencia de una situación revolucionaria, de explicar su amplitud y profundidad, de despertar la conciencia revolucionaria del proletariado, de ayudarle a pasar a las acciones revolucionarias y a crear organizaciones que correspondan a la situación revolucionaria y sirvan para trabajar en ese sentido…”.
(Las negritas son nuestras).