CRISIS MUNDIAL: "QUE SE VAYAN TODOS"
(Análisis de coyuntura Marzo de 2009)

“Temen estallido social en Europa”. “El clima no es pesimista. Es súper pesimista (de Foro de Davos)”. “Marchas (de trabajadores) en Inglaterra, Rusia, España, China, Francia, Grecia, Italia, Irlanda, Islandia,…”. “Se acaba la luna de miel de Obama”. “Legión de pobres en EE. UU.”.

Estos son algunos de los titulares periodísticos del mes de Febrero. Es sobre la situación política y social que desnudan esos titulares que la consigna, coreada por millones en la Argentina del 2001, comienza a sonar en Europa y América del Norte. Y no es para menos. La crisis está hundiendo en el pánico a la burguesía y en la miseria a un número inmenso de trabajadores y sectores populares en todo el mundo.
En EE. UU. la desocupación “oficial”, que creció gradualmente durante 2007, se aceleró desde Octubre de 2008. En ese momento eran 10 millones, pero en Diciembre ya superaban los 11 millones; y si a ello le sumamos los 2,6 millones de desocupados con 27 o más semanas sin trabajo y los precarios que llegan a 8 millones (cuando hace un año eran 4 millones y medio) tenemos una cifra que ronda los 22 millones de desocupados. En EE.UU., uno de los países más rico de la tierra, 31 millones de personas desayunan y almuerzan hoy gracias a un vale/comida. En China 20 millones de trabajadores acaban de regresar de sus vacaciones y enterarse que su fábrica ha cerrado. Y así en España, Inglaterra, Rusia, Francia, Italia, etc, etc, etc.
El regreso de Marx: para Robert Brenner (Rebelión) el origen de esta crisis “está en el declive del dinamismo de las economías centrales desde 1973, y en especial, desde el 2000”. Y lo que explica ese declive “es la caída de la tasa de ganancia”, ello, a pesar de la enorme caída de los salarios reales y de las condiciones laborales y la desregulación económica que significó el neoliberalismo. El ingreso “de nuevos poderes industriales al mercado mundial” como Alemania, Japón, los países industrializados del noroeste -como los tigres del sudeste- asiático, China y finalmente Brasil y La India han significado “no una complementación en la división internacional del trabajo, sino una sobreposición”. Por lo que redundó en un exceso de oferta en relación a la demanda.
La crisis que se prefiguraba a finales de los 60 principios de los 70, como todas las posteriores, pudieron ser “controladas” mediante el doble juego tanto de aceptar la tendencia hacia el estancamiento económico general, como incentivando el aumento del préstamo –público y privado- y el desarrollo de distintas burbujas. Mediante un tipo de interés bajo la Reserva Federal facilitaba e incentivaba la inversión en activos financieros. Al dispararse los precios de éstos las empresas y familias obtendrían enormes aumentos de riquezas (al menos en el papel) y estarían en condiciones de tomar nuevos préstamos a una escala sideral, incrementando así el consumo, la inversión y por ende la economía.
De la recesión global a la depresión global: “a comienzos del 2007 fue A. Greenspan quien dio la alerta acerca de la próxima llegada de la recesión en los EE.UU….Ahora ha sido Gordon Brown, quien ante la Cámara de los Comunes anunció la llegada de la depresión global”, alertaba hace pocos días J. Beinstein. El paso de la recesión a la depresión global Beinstein lo caracteriza por la caída estrepitosa de la producción y un aumento vertiginoso de la desocupación tanto en los países centrales como en la periferia. El año pasado cerraron en China más de 100 mil fábricas. Lo mismo está sucediendo en Japón, Europa y América. El gobierno de Islandia cayó producto de las movilizaciones por la quiebra de su economía. Lo mismo sucede hoy con Irlanda y los países del este europeo. Tanto Lituania como Letonia, Estonia, Ucrania, Rumania, Polonia, Bulgaria, la República Checa, Hungría y la misma Rusia, están quebradas y su caída amenaza arrastrar a los países del centro de Europa.
En tanto, Alemania, Inglaterra y EE. UU. debieron recurrir ya a un segundo salvataje de bancos e industrias. Los millones de millones invertidos en el primero no sirvieron para nada, excepto para retrasar un poquito el derrumbe.
Depresión económica y depresión psicológica: como bien lo señala J. Beinstein, “la depresión económica viene precedida por la depresión psicológica, que luego de algunos pasos tímidos en medio de la recesión de 2008, se expande actualmente a toda velocidad entre las elites dominantes.
El último Foro de Davos no escapó a este nuevo componente. Allí el clima no era de pesimismo, sino de súper pesimismo. El mismo Rupert Murdoch (magnate de la prensa) ante la consulta de que cabía esperar de la crisis, respondía: “sólo cabe esperar que empeore”. A diferencias de anteriores eventos, el glamour no pudo ocultar las preocupaciones, la falta de respuestas y los duros cruces y acusaciones, como los de algunos industriales que reclamaron cárcel para los financistas.
Perspectivas: agudización de la crisis. Irlanda y los países del este europeo, que hasta hace pocos meses eran los niños mimados del neoliberalismo, viven en la zozobra y en los inicios de una vorágine de devaluaciones. El zloty polaco, la corona checa y el florín húngaro se devalúan a pisos históricos frente al euro. Europa del Este es un castillo de naipes. En España la bolsa cae casi diariamente. El Santander, la banca más grande y una de las mayores de Europa, acaba de declarar el corralito. En China la inversión directa extranjera cayó un 40% y como decíamos más arriba 20 millones perdieron el trabajo en un mes. Si bien China está aplicando un plan más tipicamente keynesiano para intentar escapar a la crisis, no se puede ignorar que el 40% de su PBI obedece a las exportaciones (las que están cayendo vertiginosamente) como también al desarrollo de burbujas económicas que amenazan explotar y arrastrarla a una debacle como a los otros países.
Ante este panorama comienzan a aparecer la tentación al proteccionismo. El mismo Obama tuvo que suavizar (más en la forma que en el fondo) las medidas de “compre nacional” que puso en marcha. Las elites dominantes son profundamente conscientes del peligro que supone el proteccionismo, pues cortaría la principal arteria que irriga el sistema capitalista; pero aún así casi todos los países se encaminan al proteccionismo. Por distintas vías, pero proteccionismo al fin. EE. UU. lo hace a travez de la ley de “compre nacional” y de los multimillonarios subsidios a los capitalistas. Francia a travez de obligar a que sus subsidios se inviertan en territorio francés. China y Rusia devaluando la moneda a fin de abaratar sus mercancías, etc. La reunión del G-20 a fines de Noviembre del año pasado, donde los mandatarios se comprometieron a combatir las propuestas proteccionistas y mantener e incrementar el comercio mundial como única salida, se vio totalmente desmentida a los días por las medidas impulsadas por la mayoría de sus miembros. Y la reunión del G-7, el 16 de Febrero último, fue otra clara demostración de ello.
Mientras tanto, millones de trabajadores ganan las calles diariamente en Europa, Asia, América del Norte y América del Sur. El go-bierno islandés cae producto de esas movilizaciones. El mismo camino parece recorrer el irlandés. Los países de la Europa del Este son un polvorín. No hay ninguna duda que se es-tán dando todas las condiciones de una situa-ción revolucionaria a nivel mundial. Una situación donde la burguesía está desorientada, dividida y sin plan para abordar la crisis y con signos crecientes de rompimiento de la hegemonía norteamericana. La propuesta de algunos referentes de peso como Alan Greens-pam, apoyada por Krugman y Stiglitz, es de estatización temporal de bancos e industrias. Un capitalismo de estado; pero ello choca con tres cuestiones: una, el valor de los activos, que no tienen relación con la deuda. Dos, la posibilidad que ello lleve a un quiebre del estado y al derrumbe del dólar. Y tres, la cultura política norteamericana, muestra de este problema es el mensaje de Obama del día 25/02. Allí a la par de hablar de recortar subsidios a los agricultores dijo que todo debe hacerse con el ojo puesto en el déficit fiscal, con lo cual pateó para adelante la pelota de la estatización que un sector del gran capital le reclama. Como se ve, la crisis no sólo rompe con la hegemonía norteamericana y amenaza enfrentar estados contra estados, sino que reproduce la división al interior de cada estado nacional; abriendo las puertas a una posibilidad real de cambio. Que estamos ante una situación revolucionaria, de quiebre de la hegemonía de la burguesía a nivel mundial, es muy difícil no advertirlo. ¿Significa ello que la revolución vaya a triunfar o que el capitalismo se autodestruya?. No. Ello depende de la posibilidad de que los proletarios y el pueblo todo podamos poner en pie un poderoso partido revolucionario y fuertes organizaciones de masas. Pero no advertir el cambio de situación y repetir “nada, o casi nada, se puede hacer porque no tenemos partido” es llorar sobre la impotencia propia. Es olvidarnos de las magníficas lecciones de Marx en 1850 y de Lenín en 1905 y en 1917, como del ejemplo de todos los revolucionarios.