(Voz Rebelde Nº 4, junio-mayo 2009) - El G 20: se realizó a apenas meses de la anterior, lo que revela la profundidad de la crisis y el intento de encontrar –por parte de las mayores corporaciones y países capitalistas- algún tipo de plan (consensuado o impuesto) para salir de la misma.
Más allá de la foto final, de los abrazos y bellas palabras lo cierto es que ni EE. UU. ni Europa continental pudieron imponer sus respectivas propuestas; quedando atrás, sin siquiera formularse, los requerimientos de los días previos de parte de China, Brasil y Rusia de una nueva moneda internacional de cambio.
Lo que dividía – y divide- aguas es el debate sobre la magnitud del “estímulo”. El 17 de Marzo Paul Krugman –en un artículo aparecido en el New York Times- decía que “preocupa Europa y su incapacidad para enfrentar la crisis”, agregando que si bien el “estímulo” de la administración Obama era aún demasiado pequeño –teniendo en cuenta la profundidad de la crisis- el de los europeos era nada. Cuestionaba también al BCE por su demora en bajar las tasas de interés.
3 días después, la respuesta corría por boca de Jean Claude Jucker –primer ministro de Luxemburgo- quien declaraba: “Estoy totalmente en contra de que los europeos sigamos los deseos norteamericanos de adoptar programas de reactivación todavía más masivos”, considerando que el esfuerzo realizado, consagrar un 3,3% del PBI (unos 400 mil millones de euros) es suficiente y que se debía marchar hacia una mayor regulación financiera sobre los fondos de inversión, los fondos especulativos y las agencias de calificación.
La declaración final refleja la consolidación de la tendencia a la desaparición del mundo unipolar. Y si bien EE. UU. continúa siendo la mayor potencia ya no puede imponer su política.
El reforzamiento del FMI, el BM y el BID como el envío de nuevas tropas a Afganistán señalan esos límites.
La recapitalización de estas entidades son aspirinas para el cáncer, ya que la magnitud de las mismas son nada en comparación a los “incentivos” llevados a cabo por Europa y Norteamérica y frente a lo que exige el agujero negro financiero. Tan pobres como los 5000 soldados –para tareas de entrenamiento, no de combate- que Europa comprometió ante la exigencia yanki para Afganistán.
Por ello el día 20 de Abril, o sea apenas 18 días después de la reunión, el titular del FMI declaraba que “el 2009 será un año horrible”, asegurando que de esta crisis “nadie escapará” y que la recuperación en el 2010 depende de si los gobiernos entienden que deben aumentar sus “incentivos” a las grandes corporaciones capitalistas. “Recesiones asociadas a crisis financieras tienden a ser severas. Si estas recesiones son sincronizadas a nivel global tienden a ser aún más largas y seguidas por reactivaciones aún más débiles”, agregó.
Para The Wall Street Journal del 23 de abril, Europa enfrenta “una recesión más profunda y una recuperación más lenta que EE. UU. y el resto del mundo por lo que las perspectivas de que la crisis llegue pronto a su fin son más distantes”.
Según este artículo “la economía europea se contraerá este año 4% y mostrará las falencias del sistema financiero” y lo incorrecto de considerar que el epicentro de la crisis está en norteamérica, como de oponerse a bajar la tasa de interés y a emprender ambiciosos planes de “estímulos” fiscal bajo el temor de desatar la inflación y aumentar peligrosamente la deuda pública.
Europa representa –con sus 18,4 billones de dólares- el 30% del PBI mundial, por lo que su crisis necesariamente repercutirá en todo el orbe. A punto tal que Caterpillar Inc reportó el martes pasado que sus ventas en Europa cayeron un 46%.
El gobierno inglés anunció nuevos impuestos para los que ganan más de 220 mil dólares al año, en un dramático intento por reducir el déficit fiscal; pero 3 días antes el Financial Times anunciaba que el Reino Unido imprimiría dinero. Para Mike Platt, consejero de uno de los mayores fondos de inversión sajón, la impresión de más moneda “es la única opción política” del gobierno para lidiar con la crisis.
Pero tengamos en cuenta que hace apenas un mes –el 5 de marzo- el Banco de Inglaterra anunció la inyección (impresión mediante) del equivalente a 84 mil millones de euros para aumentar la liquidez. Como ello no sirvió de nada ahora se piensa aumentar la impresión.
Cumbre de las Américas: para no ser menos que el G 20, terminó con una declaración sólo firmada por el anfitrión ante las objeciones que cosechó por parte del resto el proyecto original. Quizá por eso para Denis McDonough, Nº 2 del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca “aunque los apretones de manos, las fotografías y las sonrisas son importantes, no son lo principal”.
La Cumbre estuvo dominada por el tema del financiamiento, el embargo yanky a Cuba como su regreso a la OEA y los biocombustibles. Temas que tampoco pudieron ser consensuados, de allí la falta de una declaración final firmada por todos los estados.
“Si los países de América Latina no tienen acceso a fuentes de financiamiento a tasas razonables, es posible que asistamos a procesos de anarquía y violencia, y que todo desencadene en una nueva crisis de deuda externa en la región” fue el diagnóstico más escuchado y su exposición corrió a cargo de Uribe.
Es entendible la preocupación de las burguesías latinoamericanas ya que los estudios hablan de una caída del PBI de la región de un 2%, después de años de crecimiento. La economía chilena –una de las más sólidas según los organismos internacionales y modelo a seguir para ellos- acaba de contraerse un 4% en febrero pasado y son miles los trabajadores que comienzan a quedar en la calle, desamparados.
A pesar de esto, los presidentes de Canadá, México, Panamá y Trinidad y Tobago sostuvieron que ésta fue la cumbre “más extraordinaria que tuvo lugar nunca”; aunque Fidel se encargó de burlarse de dicha euforia y de colocar las cosas en su lugar de lo que supo ser el “Ministerio de Colonias” norteamericano.
El proyecto que se rechazó como declaración final lo fue porque, como lo expresara el Presidente Chávez, es “un texto descolocado en el tiempo y en el espacio, que no reflejaba las necesidades reales de la región”.
Esto, y el hecho de que por primera vez un Presidente norteamericano no ocupe el centro de la foto, sino una hilera posterior, es todo un síntoma de los nuevos tiempos.
Mientras la economía está en picada las élites políticas lucen desorientadas.
Se acepta que la economía norteamericana empieza a tomar forma de L, o sea, que no habrá un inmediato rebote en forma de V, W ni U, lo que supone años de crecimiento a tasas de 0,5% o menos aún, como sucedió con Japón durante 10 años.
En ese marco, para el New York Times EE. UU. actúa como una democracia inmadura, como una república bananera. El diario reclama que nadie está a la altura de las circunstancias; que “el Congreso saca leyes impositivas punitorias de la noche a la mañana, que el presidente hace chistes en programas de televisión y la oposición tiene como única meta hacer caer la popularidad del primer mandatario”. No casualmente el artículo firmado por Thomas Friedman se titula “Un país y un gobierno que no parecen en manos de adultos”.
La caída de la producción y del comercio mundial van a tener profundas consecuencias para el régimen dominante.
Si bien en las 3 últimas décadas el número de personas por debajo de la línea de pobreza disminuyó, no pasó lo mismo con los índices de desigualdad social.
Ahora cuando la era del crecimiento rápido llega a su fin una creciente pobreza en el seno de enormes desigualdades será una combinación explosiva. El sufrimiento irá acompañado de una protesta creciente, como la de los obreros franceses que toman de rehenes a los ejecutivos y ocupan fábricas; o como ocurre en China con rebeliones masivas, o en Vietnam donde las huelgas se están extendiendo como reguero de pólvora. O Corea, que con su tradición de protestas obreras y campesinas militantes es una bomba de tiempo.
Para Walden Bello –profesor de ciencias políticas en la universidad de Filipinas- “puede que el sureste asiático esté entrando en un período de protestas radicales y revolución social que aparentemente había pasado de moda”.
Esta es la gran preocupación de la burguesía mundial y a la que la nueva ronda del G 20 no pudo dar respuesta.