(26
de diciembre de 2009) - El cambio climático está causando ya
considerable daño y cientos de millones de pobres están sufriendo las
consecuencias.
Los centros de investigaciones más avanzados
aseguran que queda muy poco tiempo para evitar una catástrofe
irreversible. James Hansen, del Instituto Goddard de la NASA, asegura
que un nivel de 350 partes del dióxido de carbono por millón es todavía
tolerable; hoy sobrepasa sin embargo la cifra de 390 y se incrementa a
ritmo de 2 partes por millón cada año, rebasando los niveles de hace
600 mil años. Las últimas dos décadas han sido, cada una de ellas, las
más calurosas desde que se tienen noticias del registro. El mencionado
gas aumentó 80 partes por millón en los últimos 150 años.
El
hielo del Mar Ártico, la enorme capa de dos kilómetros de espesor que
cubre Groenlandia, los glaciares de América del Sur que nutren sus
fuentes principales de agua dulce, el volumen colosal que cubre la
Antártida, la capa que resta del Kilimanjaro, los hielos que cubren el
Himalaya y la enorme masa helada de Siberia se están derritiendo
visiblemente. Científicos notables temen saltos cuantitativos en estos
fenómenos naturales que originan el cambio.
La humanidad
puso grandes esperanzas en la Cumbre de Copenhague, después del
Protocolo de Kyoto suscrito en 1997, que entró en vigor el año 2005. El
estruendoso fracaso de la Cumbre dio lugar a bochornosos episodios que
requieren el debido esclarecimiento.
Estados Unidos, con
menos del 5% de la población mundial emite el 25% del dióxido de
carbono. El nuevo Presidente de Estados Unidos había prometido cooperar
con el esfuerzo internacional para enfrentar un problema que afecta a
ese país tanto como al resto del mundo. Durante las reuniones previas a
la Cumbre, se hizo evidente que los dirigentes de esa nación y los de
los países más ricos maniobraban para hacer caer el peso de los
sacrificios sobre los países emergentes y pobres.
Gran
número de líderes y miles de representantes de los movimientos sociales
e instituciones científicas decididos a luchar por preservar la
humanidad del mayor riesgo de su historia, acudieron a Copenhague
invitados por los organizadores de la Cumbre. Omito referirme a
detalles sobre la brutalidad de la fuerza pública danesa, que arremetió
contra miles de manifestantes e invitados de los movimientos sociales y
científicos que acudieron a la capital de Dinamarca para concentrarme
en los aspectos políticos de la Cumbre.
En Copenhague reinó
un verdadero caos y sucedieron cosas increíbles. A los movimientos
sociales e instituciones científicas no les permitieron asistir a los
debates. Hubo Jefes de Estado y Gobierno que no pudieron siquiera
emitir sus opiniones sobre vitales problemas. Obama y los líderes de
los países más ricos se adueñaron de la conferencia con la complicidad
del gobierno danés. Los organismos de Naciones Unidas fueron relegados.
Barack
Obama, que llegó el último día de la Cumbre para permanecer allí solo
12 horas, se reunió con dos grupos de invitados escogidos “a dedo” por
él y sus colaboradores. Junto a uno de ellos se reunió en la sala del
plenario con el resto de las más altas delegaciones. Hizo uso de la
palabra y se marchó de inmediato por la puerta trasera. En ese
plenario, excepto el pequeño grupo seleccionado por él, se les prohibió
a los demás representantes de los estados hacer uso de la palabra. En
esa reunión, a los Presidentes de Bolivia y de la República Bolivariana
de Venezuela se les permitió hablar, porque al Presidente de la Cumbre
no le quedó otra alternativa que concederles el uso de la palabra, ante
el reclamo enérgico de los presentes.
En otra sala contigua,
Obama reunió a los líderes de los países más ricos, varios de los
Estados emergentes más importantes y dos muy pobres. Presentó un
documento, negoció con dos o tres de los países más importantes, ignoró
a la Asamblea General de Naciones Unidas, ofreció conferencias de
prensa, y se marchó como Julio César en una de sus campañas victoriosas
en Asia Menor, que lo llevó a exclamar: Llegué, vi y vencí.
El
propio Gordon Brown, Primer Ministro del Reino Unido, había afirmado el
19 de octubre: “Si no llegamos a un acuerdo en el curso de los próximos
meses, no debemos tener duda alguna de que, una vez que el crecimiento
no controlado de las emisiones haya provocado daños, ningún acuerdo
global retrospectivo en algún momento del futuro podrá
deshacerde_que_se_rien tales efectos. Para ese entonces será
irremisiblemente demasiado tarde.”
Brown concluyó su
discurso con dramáticas palabras: “No podemos darnos el lujo de
fracasar. Si fracasamos ahora, pagaremos un precio muy alto. Si
actuamos ahora, si actuamos de conjunto, si actuamos con visión y
determinación, el éxito en Copenhague estará todavía a nuestro alcance.
Pero si fracasamos, el planeta Tierra estará en peligro, y para el
planeta no existe un Plan B.”
Ahora declaró con arrogancia
que la Organización de Naciones Unidas no debe ser tomada como rehén
por un pequeño grupo de países como Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua
y Tuvalu, a la vez que acusa a China, India, Brasil, Sudáfrica y
otros Estados emergentes de ceder a las seducciones de Estados Unidos
para suscribir un documento que lanza al cesto de basura el Protocolo
de Kyoto y no contiene compromiso vinculante alguno por parte de
Estados Unidos y sus aliados ricos.
Me veo obligado a
recordar que la Organización de Naciones Unidas nació hace apenas seis
décadas, después de la última Guerra Mundial. Los países independientes
no rebasaban entonces la cifra de 50. Hoy la integran más de 190
Estados independientes, luego que el odioso sistema colonial dejó de
existir por la lucha decidida de los pueblos. A la propia República
Popular China durante muchos años se le negó su pertenencia a la ONU, y
un gobierno títere ostentaba su representación en esa institución
y en su privilegiado Consejo de Seguridad.
El apoyo tenaz
del creciente número de países del Tercer Mundo fue indispensable en el
reconocimiento internacional de China, y un factor de suma importancia
para que Estados Unidos y sus aliados de la OTAN le reconocieran sus
derechos en la Organización de Naciones Unidas.
En la
heroica lucha contra el fascismo, la Unión Soviética había realizado el
mayor aporte. Más de 25 millones de sus hijos murieron, y una enorme
destrucción asoló el país. De esa lucha emergió como superpotencia
capaz de contrapesar en parte el dominio absoluto del sistema imperial
de Estados Unidos y las antiguas potencias coloniales para el saqueo
ilimitado de los pueblos del Tercer Mundo. Cuando la URSS se
desintegró, Estados Unidos extendió su poder político y militar hacia
el Este, hasta el corazón de Rusia, y su influencia sobre el resto de
Europa se incrementó. Nada de extraño tiene lo ocurrido en Copenhague.
Deseo
subrayar lo injusto y ultrajante de las declaraciones del Primer
Ministro del Reino Unido y el intento yanki de imponer, como Acuerdo de
la Cumbre, un documento que en ningún momento fue discutido con los
países participantes.
El Canciller de Cuba, Bruno Rodríguez,
en la conferencia de prensa ofrecida el 21 de diciembre, afirmó una
verdad que es imposible negar; emplearé algunos de sus párrafos
textuales: “Quisiera enfatizar que en Copenhague no hubo acuerdo alguno
de la Conferencia de las Partes, no se tomó ninguna decisión con
relación a compromisos vinculantes o no vinculantes, o de naturaleza de
Derecho Internacional, en modo alguno; simplemente, en Copenhague no
hubo acuerdo”
“La Cumbre fue un fracaso y un engaño a la opinión pública mundial. [...] quedó al desnudo la falta de voluntad política…”
“…fue un paso atrás en la acción de la comunidad internacional para prevenir o mitigar los efectos del cambio climático…”
“…el promedio de la temperatura mundial podría aumentar en 5 grados…”
De
inmediato nuestro Canciller añade otros datos de interés sobre las
posibles consecuencias de acuerdo a las últimas investigaciones de la
ciencia.
“…desde el Protocolo de Kyoto hasta la fecha las
emisiones de los países desarrollados se elevaron 12,8%… y de ese
volumen el 55% corresponde a Estados Unidos.”
“Un
estadounidense consume, como promedio, 25 barriles de petróleo anuales,
un europeo 11, un ciudadano chino menos de dos, y un latinoamericano o
caribeño, menos de uno.”
“Treinta países, incluidos los de la Unión Europea, consumen el 80% del combustible que se produce.”
El
hecho muy real es que los países desarrollados que suscribieron el
Protocolo de Kyoto aumentaron drásticamente sus emisiones. Quieren
sustituir ahora la base adoptada de las emisiones a partir de 1990 con
la del 2005, con lo cual Estados Unidos, el máximo emisor, reduciría a
solo 3% sus emisiones de 25 años antes. Es una desvergonzada burla a la
opinión mundial.
El Canciller cubano, hablando en nombre de
un grupo de países del ALBA, defendió a China, India, Brasil, Sudáfrica
y otros importantes Estados de economía emergente, afirmando el
concepto alcanzado en Kyoto de “‘responsabilidades comunes, pero
diferenciadas, quiere decir que los acumuladores históricos y los
países desarrollados, que son los responsables de esta catástrofe,
tienen responsabilidades distintas a las de los pequeños Estados
insulares o a las de los países del Sur, sobre todo los países menos
desarrollados…”
“Responsabilidades quiere decir
financiamiento; responsabilidades quiere decir transferencia de
tecnología en condiciones aceptables, y entonces Obama hace un juego de
palabras, y en vez de hablar de responsabilidades comunes pero
diferenciadas, habla de ‘respuestas comunes, pero diferenciadas’.”
“…abandona el plenario sin dignarse a escuchar a nadie, ni había escuchado a nadie antes de su intervención.”
En
una conferencia de prensa posterior, antes de abandonar la capital
danesa, Obama afirma: “Hemos producido un sustancioso acuerdo sin
precedente aquí en Copenhague. Por primera vez en la historia, las
mayores economías hemos venido juntas a aceptar responsabilidades.”
En
su clara e irrebatible exposición, nuestro Canciller afirma: “¿Qué
quiere decir eso de que ‘las mayores economías hemos venido juntas a
aceptar nuestras responsabilidades’? Quiere decir que están descargando
un importante peso de la carga que significa el financiamiento para la
mitigación y la adaptación de los países sobre todo del Sur al cambio
climático, sobre China, Brasil, India y Sudáfrica; porque hay que decir
que en Copenhague se produjo un asalto, un atraco contra China, Brasil,
India, Sudáfrica y contra todos los países llamados eufemísticamente en
desarrollo.”
Estas fueron las palabras contundentes e irrebatibles con las que nuestro Canciller relata lo sucedido en Copenhague.
Debo
añadir que, cuando a las 10 de la mañana del día 19 de diciembre
nuestro vicepresidente Esteban Lazo y el Canciller cubano se habían
marchado, se produce el intento tardío de resucitar al muerto de
Copenhague como un acuerdo de la Cumbre. En ese momento no quedaba
prácticamente ningún Jefe de Estado ni apenas Ministros. De nuevo la
denuncia de los restantes miembros de las delegaciones de Cuba,
Venezuela, Bolivia, Nicaragua y otros países derrotaron la maniobra.
Así finalizó la ingloriosa Cumbre.
Otro hecho que no puede
olvidarse fue que en los momentos más críticos de ese día, en horas de
la madrugada, el Canciller de Cuba, en unión de las delegaciones que
libraban su digna batalla, le ofrecieron al Secretario General de
Naciones Unidas, Ban Ki-moon, su cooperación en la lucha cada vez más
dura que se estaba librando, y en los esfuerzos que deben llevarse a
cabo en el futuro para preservar la vida de nuestra especie.
El
grupo ecológico Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) advirtió que el
cambio climático quedaría fuera de control en los próximos 5 a 10 años,
si no se recortan drásticamente las emisiones.
Pero no hace falta demostrar lo esencial de lo que aquí se afirma sobre lo que hizo Obama.
El
Presidente de Estados Unidos declaró el miércoles 23 de diciembre que
las personas tienen razón en estar decepcionadas por el resultado de la
Cumbre sobre el Cambio Climático. En entrevista por la cadena de
televisión CBS, el mandatario indicó que “‘en vez de ver un total
colapso, sin que hubiese hecho nada, lo que hubiera sido un gigante
retroceso, al menos pudimos mantenernos más o menos donde estábamos’…”
Obama
-afirma el despacho noticioso- es el más criticado por aquellos países
que, de forma casi unánime, sienten que el resultado de la Cumbre fue
desastroso.
La ONU ahora está en un aprieto. Pedirles a
otros países que se adhieran al arrogante y antidemocrático acuerdo
sería humillante para muchos Estados.
Continuar la batalla y
exigir en todas las reuniones, particularmente las de Bonn y de México,
el derecho de la humanidad a existir, con la moral y la fuerza que nos
otorga la verdad, es a nuestro juicio el único camino.
Fidel Castro Ruz
Diciembre 26 de 2009
8 y 15 p.m.