“Sin capital político mundial, no tenemos apalancamiento para organizar más persuasión muscular”.
(Voz Rebelde Nº 1, Noviembre-Diciembre 2008) - Así se expresaba el The New York Times al día siguiente del triunfo de Obama señalando una de las tareas prioritarias (para las grandes corporaciones) del mandatario electo.
Pero el triunfo de Obama sólo puede ser entendido cabalmente si se tiene en cuenta el marco de la crisis capitalista en general y la pérdida de influencia norteamericana en el mundo en particular. En ese sentido hasta se puede aseverar que la derrota republicana significa la llegada a tierras yankis de la ola anti-neoliberal que hace rato recorre América Latina y otras partes del mundo, lo cual no significa que asuman gobiernos o se establezcan regímenes verdaderamente populares.
Significa que ante la crisis económica y las posibilidades de verdaderos alzamientos populares en una situación donde comienza a ser cuestionada y disputada la hegemonía mundial norteamericana las clases dominantes del país del norte hace rato que han entendido que es imperioso un repliegue para ordenar su casa, consolidar “su patio trasero” y relanzarse en busca de un nuevo dominio universal a caballo de otro ciclo económico “expansivo”.
En Octubre perdieron su trabajo 157.000 personas. El crédito está paralizado. Los alimentos se encarecen con cada día que pasa.
3 millones de personas han perdido su vivienda y se encuentran durmiendo en carpas; otros 2 millones las perderán el próximo año. Son numerosos los casos de suicidios, y mucho más los de resistencia armada ante el desalojo.
Al descalabro económico se le suma la situación en Irak y Afganistán, y el mismo regreso de las tropas, que Obama prometió, aumenta el cóctel explosivo pues muchos de los que regresen además de haber perdido una parte de su cuerpo se encontrarán con que ya no tienen casa. Con este panorama sin duda se le hace imposible al Imperio sostener su dominio mundial. Necesita restablecer la “paz” interna y ganar nuevamente aliados en el mundo.
De allí que el New York Time del 5 de Noviembre analice que “ en lugar de aislar (Bush) a Corea del Norte e Irán, nos aisló a nosotros”. Y señala: “….aquí está la principal prioridad (de) Obama… reincorporarnos al mundo. (Para ello) hay formas de enviar señales (al mundo) de un nuevo comienzo: cerrar Guantánamo y convertirla en un centro de investigación de enfermedades tropicales; (entender que) la herramienta militar es esencial pero no debería ser la primera opción. Coordinar el cerebro y el músculo (sabiendo que) sin capital político mundial no tenemos el apalancamiento para organizar más persuasión muscular”.
“El camino que nos espera será largo. La cuesta será empinada. Tal vez no lleguemos allí en un año o en un período…” fueron -casualmente- parte de las primeras palabras de Obama.
El gran capital hace rato que entendió –y ejerce- la famosa máxima del Conde de Lampedusa, “cambiar algo para que nada cambie”.
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