MARCELAS: EL DOLOR DE NUESTRAS MUJERES |
(Voz Rebelde, 25 de agosto de 2008) - En esta semana se dio el encuentro de la mujer en Neuquén, la mujer, que es la mitad de la que brilla bajo el sol, la mujer, que según Mao Tse Tung, es quien, si no se moviliza, los nubarrones revolucionarios serán sólo nubes pasajeras. Las mujeres, que en nuestros barrios sufren día a día la realidad, la dura realidad, como por ejemplo el caso que intentaremos relatar en esta página, caso que sucedió y que tal vez si no estuviésemos denunciando, nadie se enteraría. Marcela, de 22 años, ha sido violada desde nińa por sus padrastros. Ya de adulta tuvo novios, habiendo consumido drogas y viviendo prácticamente en la calle. Por todo esto contrajo SIDA. Marcela tuvo 3 hijos. A pesar de haber dejado hace tiempo de consumir drogas, el juez le sacó a dos de sus hijos, dándolos en adopción. El juez no estuvo para proteger a Marcela cuando su madre ignoraba sus denuncias por las violaciones que sufrió, o cuando quedó en la calle, sin hogar. Marcela, con su hijita de un ańo, termina viviendo de prestado en un cuartucho del padre de su hijita. Un día, la nueva pareja del dueño de casa la golpea y la echa a la calle, profundizando su calvario. Golpeada, después de haber sido echada de dos comisarías donde quiso hacer las denuncias, y de la guardia del Hospital donde se agolpan cientos de pobres, Marcela va al centro de salud donde los enfermeros y trabajadores sociales intentan ayudarla. Hacen las gestiones en el Estado, pero los funcionarios no dan una mínima respuesta para que Marcela tenga por lo menos donde dormir transitoriamente. Finalmente, una compañera del MTR la lleva a su casa. Hoy Marcela está con su hijita en la casa de una mujer del pueblo. El municipio estuvo ausente y tanto el secretario de desarrollo, como los directores de salud demostraron su incapacidad para ser funcionarios, pero cobran por eso, y cobran bien. Eso demuestra que no sirven, que tienen que irse, que no pueden resolver ni lo más mínimo. Qué hacemos para que las marcelas de nuestros barrios empiecen a tener justicia? ¡BASTA! Que el odio se trasforme en puño y que el puño se trasforme en golpe. |