(Voz Rebelde Nº 4, mayo-junio 2009) - Cuadro de situación:
el crecimiento del gasto público del 28 % en el primer trimestre y la
recaudación sólo del 14 % (de los cuales un 10% corresponde a ANSES)
significan que la caja se achica con cada día que pasa, como también la
posibilidad del presente gobierno (y la de un hipotético futuro
gobierno) para afrontar la crisis en curso.
De allí la
desesperación por conseguir financiamiento del FMI, del BID y del BM,
dejando en el pasado tanto las diatribas anti imperialistas como la
anunciada política de "desendeudamiento" de los primeros años del
gobierno que se proclama "nacional y popular". También ese es el motivo
de la gestión por un préstamo de 1.500 millones de dólares por parte de
Brasil.
Es que tal cual se encuentra el gobierno hoy, hay tres caminos:
aumentar la presión tributaria sobre la población (con su consabida
acción sobre el consumo); achicar la inversión pública al costo de
sumar otro factor recesivo a una economía que está en picada, o ambas
cosas a la vez. No por casualidad la presidenta acaba de firmar un
aumento del 30% en el gas según se desprende de los Decretos Nº 234,
235 y 246 publicados en el Boletín Oficial la anteúltima semana de
abril, todo un adelanto del ajuste que vendrá el día después de los
comicios.
La brecha entre recaudación y gasto público señala las dificultades del
gobierno para enfrentar la desocupación que está creciendo y que se
acelera a medida que la crisis se profundiza y la caja del Estado se
contrae (tengamos en cuenta que hay ya 600 empresas que reciben un
subsidio de $600 por cada trabajador, además de los 200 millones de
pesos del ANSES para la industria de autopartes).
La recesión creciente, con su consecuente desocupación, muestra el
verdadero carácter del gobierno. Ante la debacle del sector automotriz,
estudia la posibilidad de financiar los nuevos modelos de GM y Peugeot
con dinero de la ANSES a cambio de una devolución del mismo el día que
éstos coloquen sus productos en el mercado externo -¡¡cuando justamente
la caída de las exportaciones es uno de los motivos de la crisis que
atraviesan!!- o sea, el día del arquero.
Pero ese gobierno que no duda en usar los fondos de los jubilados para
salvar a los pulpos de la industria automotor, se opone abiertamente a
la posibilidad de estatizar las empresas. Así lo hizo saber mediante el
Gabinete Productivo al afirmar que "el Estado debe estar presente,
planificar, controlar, asegurar el abastecimiento interno, desacoplar
los precios locales de los internacionales, pero no ser dueño de este
tipo de empresas (industriales)".(subrayado nuestro).
Los ejemplos de Mahle, Massuh y anteriormente Paraná Metal confirman esta tendencia.
El adelantamiento:
es en ese marco que se produce el llamado a adelantar las elecciones
legislativas y el intento por convertirlas en un plebiscito sobre la
gestión del gobierno nacional -tanto por parte del oficialismo como por
la oposición burguesa-, lo que amenaza sumir al régimen en una crisis
política e institucional de dimensiones no fáciles de calibrar
adecuadamente aún.
La pretensión kirchnerista de sumar
gobernadores, ministros e intendentes y forjar listas “testimoniales” a
fin de intentar frenar la diáspora del oficialismo y evitar la fuga de
los barones del PJ que ya comienzan a delinear el post-kirchnerismo, es
una jugada de consecuencias impredecibles para la gobernabilidad.
No es difícil imaginar el día después de una derrota, o aún de un
triunfo exiguo del FPV. Significaría no sólo la pérdida de la mayoría
en las Cámaras Nacionales, Provinciales y Concejos Deliberantes (hasta
ahora hegemonizados por el FPV) sino también la derrota lisa y llana de
quienes hoy se encuentran al frente de esos distintos ejecutivos.
A nadie escapa que el adelantamiento ha tenido que ver con la pérdida
creciente de apoyo al oficialismo producto de una crisis que avanza
también a pasos rápidos, la que amenaza con profundizarse y aumentar el
divorcio que comienza a palparse entre el gobierno y la clase política
por un lado, y amplios sectores del pueblo trabajador por el otro; pero
ello no puede borrar o hacernos perder de vista lo que puede significar
para la gobernabilidad esta jugada.
Si el día 28 los intendentes que se presentan como candidatos son
derrotados, ¿podrán continuar como si nada al frente de su municipios?
Si el día 29 emerge -como es lo más probable- un Parlamento dividido en
tercios: 1) ¿es posible pensar en leyes dictadas por un parlamento que
acaba de perder toda sustentabilidad política?, ¿qué grado de
legitimidad social y política tendrán sus decisiones? y 2) en el marco
de una crisis como la que estamos viviendo, ¿se puede sostener la
asunción del nuevo parlamento recién para diciembre?; y de tener que
adelantarse ésta, ¿cómo será?, ¿mediante la renuncia de diputados y
senadores cuyo mandato legal finaliza en diciembre aunque ya su
caducidad política ha sido decretada en junio?
Lo mismo corre para las Cámaras en las provincias y los Concejos
Deliberantes en los municipios, por lo que estaríamos ante un evidente
vacío de poder en todas las instancias del mismo. Esto sin plantear la
posibilidad de que se haga realidad la amenaza de Pérsico -en el
sentido de que la falta de un triunfo contundente significaría la
renuncia de Cristina Fernández-, amenaza reforzada el 27 por el propio
N. Kirchner en el acto del Luna Park.
El arriba nervioso: dos
noticias -aparecidas una el día 17 y otra el 24 de abril- expresan con
claridad meridiana las preocupaciones del establishment. Una
corresponde a los sectores locales del mismo, otra a los sectores
externos con grandes intereses aquí.
El 17, Héctor Méndez, nuevo
presidente de la UIA y que encarna el retorno del liberalismo a la
conducción de la misma, dejó al descubierto los temores y
preocupaciones de la gran burguesía argentina, o sea, lo que se habla
reservadamente en el seno de la propia UIA, de la AEA y de ABA.
Méndez expresó la incertidumbre de los capitalistas por: a) cual será
la política económica en el 2do. Semestre, b) la complicación para la
gobernabilidad fruto de una puja política sin propuestas y (criticó
tanto a gobierno como a oposición) y c) la fuerte caída en los niveles
de actividad y los desequilibrios macroeconómicos que se acentúan con
la crisis.
Por su lado, el 24 de abril The Economist -en un artículo sobre la
Argentina titulado “Votar antes que se vuelva muy complicado”-
expresaba la visión de los círculos financieros londinenses acerca de
que el gobierno de Cristina Fernández podría salir debilitado el 28 de
junio al tener que negociar con la oposición en el marco de un
empeoramiento de las condiciones económicas. Pero iba más allá al
plantear la posibilidad que CFK no terminara su mandato: “Una derrota
dura de los candidatos del FPV podría precipitar el final del poder
(del matrimonio), aumentaría el riesgo de que Cristina no terminara su
mandato y presagia una transición política agitada”, concluía el
periódico. Como se ve, el futuro político institucional comienza a
desvelar a los dueños del poder.
El abajo que se mueve:
a pesar de todas las maniobras dilatorias y los intentos por evitar
hasta último momento la medida de fuerza, la CTA tuvo que convocar a
una jornada de movilización. Jornada que estuvo a cargo
fundamentalmente de ATE y de los sectores populares que se encuentran
al margen tanto de la Central de Trabajadores de la Argentina como de
la CGT.
Los innumerables cortes de ruta y movilizaciones
sirvieron para mostrar el descontento que anida en la base, la
disposición de la misma a ser protagonista de un cambio de fondo, pero
también el peso de la burocracia para bloquear aún una acción sindical
independiente.
La crisis económica golpeó con fuerza a la CTA, donde el sector de
Yasky (el más oficialista y conciliador) logró controlar que la
protesta no tome otros rumbos; aunque todo hace suponer que no podrá
evitar el paro nacional que amplios sectores están reclamando y que sí
puede tomar un carácter de lucha más radical al calor de la
profundización de la crisis.
El país está cruzado de norte a sur y de este a oeste por
movilizaciones que en su gran mayoría son ocultadas por la "gran
prensa". Y es esa situación la que obliga a los políticos a usar
lenguaje y hablar de propuestas "progresistas"; como los de Reutemann,
que acaba de declararse de izquierda al mismo tiempo que negaba un
acuerdo con el PRO: "Que no se confundan conmigo: estoy más del lado de
la centroizquierda, de una izquierda moderada, que de la centroderecha
o de la oligarquía terrateniente"(1).
En el mismo sentido, y ante una consulta realizada por el diario La
Nación, tanto Stolbizer, Heller, De Narvaéz, Solanas y Giustiniani
coincidían en el mismo tipo de promesa electoral: más recursos para los
hogares pobres, rebaja del IVA en productos de la canasta básica, freno
de 180 días a los despidos y pacto social.
Eran interesantes las declaraciones de todos, pero en especial las de
dos de ellos: Heller y De Narváez, ambos grandes capitalistas.
Para Heller -dueño del Credicoop- hay que "generar una mayor demanda
interna mediante la mejora del poder de compra mediante subsidios para
los hogares pobres y una asignación por cada hijo"; mientras que con De
Narváez (ligado ahora a los traficantes de efedrina) la cosa es más de
cuidado, pues amenaza con "volcar(nos) una enorme cantidad de recursos
para una renta universal con la ayuda de las organizaciones sociales
(y) fortalecer el seguro de desempleo que es muy complicado y poco
abarcativo". (De aumento de salarios ni una palabra).
La pregunta obligada es: ¿por qué en un país que -según algunos
compañeros y organizaciones populares- se está volcando hacia la
derecha, los candidatos burgueses con mayores posibilidades hoy, e
incluso de ser presidenciables para el 2011, se declaran de izquierda,
o de centro izquierda, usan un lenguaje acorde a ese arco político y
realizan promesas "progresistas"?
Extraño país sin dudas. Donde los dueños del poder hablan de cambio
para ganar a las masas mientras los voceros o dirigentes de
organizaciones que se plantean la revolución social hablan en general
de que el cambio es imposible, sea porque la economía está fuerte,
porque las masas han sido cooptadas por los sectores fascistas o bien
porque ha llegado el dengue y la gripe porcina.
Y más extraño aún: los dirigentes que levantan abiertamente un programa
de tipo fascista no cosechan ningún tipo de adhesión, o para ser más
precisos, esa adhesión es muy (pero muy) baja.
Perspectivas:
agudización de la crisis económica y un vacío de poder si el
kirchnerismo es derrotado en las elecciones o gana por muy poco margen.
Esta situación abriría muy posiblemente -como lo señala The Economist-
un panorama de incertidumbre política y una transición agitada, por lo
menos.
Ello significa que la principal tarea de los obreros y
obreras con conciencia de clase es construir los elementos que
posibiliten a los trabajadores, y al pueblo todo, intervenir
independientemente en dicha crisis. Ello implica fortalecer los
distintos destacamentos partidarios, poner manos a la obra a edificar
un Frente Único de dichos destacamentos, desarrollar un Bloque Político
Revolucionario y poner en pie la Central de Lucha Popular.
Ello implica perseverar y fortalecer la tarea de construcción de los Cabildos o Asambleas Populares.
Aún visto desde los intereses puramente corporativos, todo avance en la
lucha política revolucionaria creará mejores condiciones para la
concreción de las reivindicaciones económicas.
(1) Tanto Rico, que fue marginado por el kirchnerismo, como Patti, fueron rechazados por la alianza Unir-PRO.