DESDE LA ASB (AGRUPACIÓN SINDICAL DE BASE) HACIA EL MOVIMIENTO DE TRABAJADORES OCUPADOS

corte-rio-negro(Voz Rebelde Nº 6, setiembre-octubre 2009) - Los sindicatos son herramientas privilegiadas con que cuenta la clase obrera para la lucha cotidiana junto a todos los sectores del conjunto de los trabajadores y el pueblo, por sus reivindicaciones inmediatas. Sin embargo, no es un punto común de coincidencia de los militantes el hecho que el sindicato se estructura básicamente para mejorar las condiciones de trabajo en el capitalismo, pero no para terminar con el sistema.
Sin olvidar los intereses de largo plazo de los explotados, la lucha por el socialismo, podemos retomar consignas “setentistas” (como la del PRT), para la tarea sindical primaria: “...Reorganizar al movimiento obrero, levantar un programa de lucha y convertirse en polo de atracción para las masas organizadas en los sindicatos...” y fuera de ellos. Esta etapa tiene aspectos de resistencia y de acumulación de fuerzas, al tiempo que en lo concreto gremial se pueden elegir situaciones en las que pasar a la ofensiva, unir fuerzas y militancia, y prepararse para las siguientes luchas.
Hoy existen unos 15 a 16 millones de trabajadores ocupados en la Argentina. Aproximadamente 3 millones (un poco más) están bajo el paraguas de la CGT, un millón y medio nucleados en la CTA; del resto, cerca de la mitad está en negro y la otra mitad no quiere, no puede o ni sabe que puede agremiarse. Los principales gremios que controlan (o, mas bien, podrían controlar)  la cadena productiva, se encuentran en la CGT “de los gordos”. La CTA aún no ha logrado aglutinar gremios que pesen en el modo de producción dominante en la Argentina, pero sí en una amplia gama de espacios de importancia nacional, como los trabajadores del estado, a la hora de la lucha de clases. Considerar este aspecto de la estrategia para la lucha de clases en esta área requerirá seguramente de nuestra parte un claro mapa de la integración horizontal y vertical en el proceso productivo (mapa del que hace rato se han provisto importantes sectores de la burguesía). Estos “mapas” nos permitirán pensar en el efecto que se busca con una huelga en el sentido clásico: cortar la cadena productiva; o en los más modestos movimientos y resultados, en pos de las reivindicaciones concretas.
Uno de los aspectos que deberemos superar es la fragmentación (generada por la patronal a lo largo del tiempo), factor de retraso y división en la organización de las luchas reivindicativas. Por ejemplo, deberemos analizar la conveniencia de ayudar a organizar a quienes trabajan para un mismo capital, a cargo de un conjunto de empresas, holding o grupo empresario. Tren Roca-Parmalat-Río Turbio fue un ejemplo en su momento.
El antiburocratismo es sólo una parte de las posiciones necesarias de tomar. A medida que vayamos acertando, los choques con la burocracia van a ser más ostensibles. Aunque no tengamos ninguna intención de adelantarlos, no nos va a quedar otra contra las patotas: preparar el aguante.
Con los objetivos sencillos y claros, la unidad en la acción nos servirá de brújula. Su consecuencia deberá ser un triunfo en sí mismo: Unir la militancia para lograr convertirse en actor político sindical clasista para la masa de trabajadores.
La independencia sindical
La ASB se plantea representar los intereses de la clase proletaria, no se abstiene ante las definiciones ideológicas y es independiente de los partidos burgueses y de las patronales. Reivindicamos una intervención profundamente ideológica y una fuerte propaganda del programa integral de todas las organizaciones que se reivindiquen revolucionarias, también en los sindicatos. Pero entendemos que las organizaciones revolucionarias no deben imponer a sus militantes sindicales ninguna línea de conducta que contradiga la predisposición y las opiniones de la mayoría de los militantes de los sindicatos (a menos que estas sean francamente contrarrevolucionarias).
No queremos convertir los sindicatos o las centrales o confederaciones en partido, están para otra cosa. Los que contraponen la autonomía sindical a la organización política revolucionaria, están contraponiendo –quiéranlo o no- el sector proletario más atrasado contra la vanguardia de la clase obrera, la lucha por las conquistas inmediatas contra la lucha por la liberación de los trabajadores.
Entendemos que el número de compañeros que ocupen cargos de dirección en los sindicatos no es el principal parámetro, el más importante es el grado de influencia que se tenga sobre la totalidad de los sindicalizados.
A su vez, pensamos que los sindicatos no deben estar sometidos organizativamente al movimiento, pretenderlo es desvirtuarlos. Para centralizar las luchas, se debe sobretodo intentar lograr la confluencia de los intereses respetando los tiempos de cada sector.
No creemos que lo principal es, entonces, “copar” aparatos. Sabemos que si un sector sindical revolucionario logra excepcionalmente tomar el aparato de una central obrera, el estado de inmediato la margina o la ilegaliza… y la lucha sigue, como es natural, por fuera de los organismos institucionales (como lo hizo la CGT de los Argentinos). Un análisis aparte merecerá el proyecto corporativo-político-empresarial que llevan adelante “los gordos”, y por otra parte, el intento de convertirse en referencia de la CTA.
Las estructuras sindicales se dan sus lujos porque no existe otra organización clasista y ningún grupo del campo popular cuenta con ascendiente alguno sobre la clase, a pesar de la degradación salarial, el trabajo en negro, las pésimas condiciones de trabajo, el alza en los accidentes laborales, la extensión brutal de la jornada de trabajo y los abusos de la patronal. La ASB tendrá que superar estas pruebas, sumada al temor al despido, argumento que ya ostensiblemente no alcanza para explicar la propia inoperancia organizativa de los sectores clasistas.
No renunciaremos a exigir la democratización de los sindicatos y la máxima libertad sindical junto a todos los compañeros trabajadores. Aún cuando nuestra incidencia en el movimiento obrero sea minúscula, preferimos dar esa lucha a limitarnos a una denuncia histérica. Pero es hora de pegarles a las patronales y luchar codo a codo con todos los sectores que lo hagan, estar al lado de los compañeros en las buenas y en las malas, desarrollar todos los aspectos que hacen a la vida del trabajador y sus necesidades.
Así, luchando en todos los planos y por todos los medios, se irá reconstruyendo el clasismo en la Argentina.

ensambladas-luchas