(17
de diciembre de 2009) - El viejo levanta la vista de vez en cuando
para desafiar a un público que ha esperado por más treinta años este
momento. Lee un discurso de espaldas a la historia. No se ha disculpado
ni una sola vez y sabe que las condenas -aunque llegan tarde- lo
alcanzan. Los tribunales de Córdoba están colmados por voces y
presencias de hombres y mujeres que reclaman, que vienen reclamando,
verdad y justicia. El viejo ha sido responsable de la tortura, del
secuestro, la desaparición y la muerte de muchos hombres y mujeres.
Luciano Benjamín Menéndez, la cara trasfigurada de tanto odio, levanta
la vista para ver que sólo lo acompañan otros obedientes asesinos como
él. Vuelve a su discurso nutrido de mentiras y veneno, vuelve y
lee: "Bien lo dijo Abel Posse: 'ningún país repudió a su Ejército por
lo que le exigieron sus gobiernos'". Allí lo cita un asesino;
aquí, en Buenos Aires, el Jefe de Gobierno lo hace Ministro de
Educación. El panorama pinta bien negro. Las expresiones del nuevo
ministro, que se expresa en los medios, no se hacen esperar. Pide la
baja de imputabilidad hasta los 14, 13 o 12 años: para Posse un niño de
séptimo grado puede ser un delincuente común. Defiende los castigos
corporales: le cuenta a un periodista que “hay que darle un sopapo al
hijo”. No se priva de decir mano dura y represión: las palabras que
elige crecen como las flores de un cementerio discursivo. Para Posse el
gran problema de la educación son las huelgas de los maestros. Ni de
cerca están las causas de esas huelgas. Ni de cerca se anima a atacar
los problemas de fondo que nos tienen a los maestros defendiendo con lo
que podemos a la escuela de la destrucción del sistema público. Parece
ser que con buen “cachetazo” se solucionará el problema de los
edificios que se caen a pedazos, de las viandas raquíticas que reciben
nuestros niños en los comedores escolares, de los subsidios millonarios
que se destinan a la educación de unos pocos (mientras se recorta el
presupuesto de la educación de todos), de los salarios por debajo de la
canasta básica. Encerrando a los adolescentes, que según él, se
“estupidizan con el rock”, la sociedad estará en orden. Ayer
nos enterábamos que el ministro saliente, Mariano Narodoski, había
contratado para su cartera a un espía ex agente de la Policía Federal ;
hoy tenemos a un flamante cavernícola (de los que estudian en la
Sorbona , hacen carrera diplomática y crían gatos persas) a cargo de la
educación de la ciudad. Estamos profundamente preocupados. Los
docentes, quienes tomamos partido por la palabra, la reflexión, la
democracia y la verdad, no podemos más que repudiar con todas nuestras
fuerzas la designación de Abel Posse. Repudiamos el orden que auguraban
Videla y Lanusse (gobiernos dictatoriales para los que Posse trabajó);
repudiamos a un gobierno que elige como ministro a un personaje
oscurantista que pide amnistía para aquellos que robaban bebés y
vendían niños. Nótese bien: que pide el perdón y el olvido para quienes
quemaban libros y personas, pero que defiende el castigo para un niño
de 12 años. No podemos aceptar que a cargo de los jardines de infantes
se ponga a un personaje que brega por el “sopapo” y por darle más armas
y “libertades” a la misma policía que mató a Rubén Carballo, el joven
de 17 años que después de asistir a un recital fue apaleado por un
numeroso grupo de oficiales del “orden”. El
gobierno porteño de Macri ha decidido mostrar una vez más, tal vez de
manera brutal, su rostro autoritario: el nuevo ministro de educación es
quien no sólo defendió desde la diplomacia y el periodismo a los
dictadores, sino quien hoy en día argumenta a favor de la represión
policial como solución de los reclamos. Se está poniendo al frente del
sistema educativo a alguien comprometido profundamente con la dictadura
que asesinó y desapareció a más de 600 docentes, a más de 200 alumnos;
quien -a la manera en que el nazismo niega los campos de concentración-
arroja dudas sobre la desaparición de personas en nuestro país, quien
pide olvido como otra manera de disfrazar el término impunidad. No se
puede pensar en la formación de ciudadanos justos y de una sociedad
plural con un discurso que atenta contra la vida de las personas. Es
preciso que todos los docentes, alumnos y padres nos unamos para
reclamar la destitución inmediata de Abel Posse. No soportemos este
insulto a la democracia. Nosotros que optamos por el libro, por la
palabra, por la verdad y la justicia no podemos permitir que se elija
al vocero de los verdugos, de los secuestradores, del terrorismo de
estado como ministro de educación.
¡Exigimos la renuncia o la destitución inmediata de Abel Posse!
Ademys-CTA
Asociación Docente
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